sábado, noviembre 24, 2007

En la oficina

Me pasa que leo ciertos escritos, y pienso en qué de aquello me sucede o me ha pasado antes.

Con el tiempo, el momento menos pensado vienen a mi mente aquellas palabras (solo pocas) porque algo parecido me sucede pero, como no atino a recordar exactamente como iba, recuerdo lo que me produjo cuando lo leí, recuerdo en quien pensé, y lo que hago es improvisar, así quedo bien conmigo mismo. Sin querer hago mi propia versión del original. Y el nuevo escrito, versión mejorada desde luego, me gusta más, lo siento más cercano, sabe más a VOS más a Mi.

Este es el original, el bueno, de Benedetti.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

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