miércoles, marzo 30, 2011

Las Princesas y yo


He traspasado muros de piedra antigua,
muros de fortalezas cercanas al mar,
de prisiones eternamente húmedas
por verte.

Esperaba hallarte junto a una fuente de agua,
con las manos blancas,
pulidas como el mármol.

Pero no eres de mármol.
No eres blanca
ni tienes la cercanía de una fuente.
Te cercan avenidas y la estrechez de un cuarto
que no da al mar.

Sin embargo, he llegado a esta especie de reino,
y me he quedado a verte,
a contemplar tus miedos,
tus penas parecidas a las de las muchachas de cristal
que nunca abandonaron sus jardines
a la espera de que un día llegara
con el pretexto de la sed del viaje
a enamorarlas.

Entre esas muchachas y tu median siglos y siglos,
jardines colosales, caminos de piedra,
torres protegidas por dragones y guardas.

Cabe tu soledad repleta de amigos y parientes.
Pero estoy aquí,
atravesé muros para llegar,
anduve días, años, siglos
para verte.

Tengo sed
y tu me extiendes el agua en un vaso común
mientras contemplo con ternura tus manos
que no son blancas.



Versión modificada de "Las Princesas y yo" de Liset Lantigua.
Alfaguara 2010

sábado, marzo 26, 2011

El que no espera nada

Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.



De Pessoa