
He traspasado muros de piedra antigua,
muros de fortalezas cercanas al mar,
de prisiones eternamente húmedas
por verte.
Esperaba hallarte junto a una fuente de agua,
con las manos blancas,
pulidas como el mármol.
Pero no eres de mármol.
No eres blanca
ni tienes la cercanía de una fuente.
Te cercan avenidas y la estrechez de un cuarto
que no da al mar.
Sin embargo, he llegado a esta especie de reino,
y me he quedado a verte,
a contemplar tus miedos,
tus penas parecidas a las de las muchachas de cristal
que nunca abandonaron sus jardines
a la espera de que un día llegara
con el pretexto de la sed del viaje
a enamorarlas.
Entre esas muchachas y tu median siglos y siglos,
jardines colosales, caminos de piedra,
torres protegidas por dragones y guardas.
Cabe tu soledad repleta de amigos y parientes.
Pero estoy aquí,
atravesé muros para llegar,
anduve días, años, siglos
para verte.
Tengo sed
y tu me extiendes el agua en un vaso común
mientras contemplo con ternura tus manos
que no son blancas.
Versión modificada de "Las Princesas y yo" de Liset Lantigua.
Alfaguara 2010
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